La gratitud es un valor que se aprende y se fortalece al practicarlo. Nadie nace siendo agradecido, pero aprendemos a serlo desde la primera infancia. No es sólo cuestión de buenos modales o buena "educación", sino que influye directamente en nuestra calidad y modo de vida.
Estudios hechos por el WDB (World Database of Happiness) publicados recientemente muestran con claridad que el nivel de felicidad en las personas no está directamente relacionado a la situación económica o a la cantidad de bienes materiales que se tienen, sino que la felicidad se relaciona con base en la satisfacción vital que expresan los ciudadanos de cada país, la esperanza de vida y la huella contaminante que dejan.
El país más feliz, en base a este estudio en donde se recogieron datos de 143 países es Costa Rica. En este trabajo se sitúa a ocho países latinoamericanos entre los 10 primeros con mayor índice de felicidad.
Sabemos que las mediciones en este tipo de investigaciones son relativas, sin embargo, resulta muy interesante el descubrir que las cosas materiales no dan la felicidad.
¿Dónde radica entonces el ser felices? Muy sencillo, en ser agradecidos con lo que se es, y con lo que se tiene. El ser agradecido es la base para disfrutar los regalos que la vida nos da.
Hoy en día en un mundo bombardeado por tantos mensajes de "tener para ser mejor" o "tener para ser", nos olvidamos de enseñar a nuestros niños a dar las gracias, de recordarles lo que sí tienen y enfocarlos en lo positivo que tienen en la vida.
¿Cómo enseño a mis hijos a ser agradecidos?
· Enséñale con el ejemplo. Agradece FRENTE A TUS HIJOS a aquellas personas que te prestan un servicio, que te obsequian algún detalle, que te ayudan en algo. No des por hecho que esas personas "simplemente hacen su trabajo".
· Reflexionen juntos sobre aquello por lo que están agradecidos: una familia, el alimento, el techo seguro, los amigos, la naturaleza, etc. Una vez que tengan el listado pueden hacer una cartulina "del agradecimiento" y escribir o hacer dibujos de estas cosas.
· Enseña a tus hijos a dar las gracias cuando se te regale algo. Pueden dar un abrazo, una tarjetita, o una sonrisa como agradecimiento.
· Muestra generosidad ante los demás. Ayuda a un anciano, a alguien que no pueda valerse por sí mismo, es decir, predica con el ejemplo.
· Antes de ir a dormir, hay que hacer un repaso de las cosas que agradecemos en el día y compartirlas en familia.
· No satures con juguetes a tus hijos. Vale la pena pensar: ¿cuántos juguetes tienen en su cuarto que no se acuerdan que están ahí? ¿Necesitan realmente más cosas?
· Recuerda que el agradecimiento es un valor que se aprende practicando diariamente, y que en la medida que enseñemos a nuestros hijos a ser agradecidos les estaremos ayudando a valorar lo que tienen y lo que son y por consecuencia a ser más felices.