Educar a un niño requiere de tiempo de calidad, respeto y mucho amor, ya que estos factores aunados a otros valores contribuyen a formar la autoestima del niño para que crezca en un ambiente sano que le permita conocer sus alcances y también sus limitaciones, no para que se sienta derrotado, sino para que busque en ellas una oportunidad de mejorar.
Cuando los padres no se preocupan por que sus hijos tengan una buena autoestima, los marcan de por vida, ya que crecerán rodeados de temores, inseguridades y con el sentimiento de que sólo puede ser amado, si cumple a la perfección con los anhelos de los demás.
La doctora Lilia Joya, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que: “Aprovechar cada momento para hacerle sentir afecto al pequeño, es primordial para desarrollar en él una imagen clara y firme de sí mismo.
"Su principal vínculo afectivo es su madre, por lo que se recomienda que ella le hable con palabras cargadas de amor y confianza. Aunque también el padre, los hermanos y la familia que lo rodee deben tener en cuenta la importancia de hablarle con cariño. Otro aspecto que es importante destacar, es el peso que tiene la mirada de la mamá, al niño le dice mucho de sus sentimientos y de su estado de ánimo”.
Una autoestima saludable está basada en el hecho de saberse amado por los padres, esto quiere decir que en la medida en que tú y tu pareja reconozcan sus logros, por pequeños que éstos parezcan, le digan que lo aman y se lo demuestren con palabras y a través del contacto físico, él podrá percibir lo importante que es para ustedes, esta seguridad la proyectará al exterior.
La familia como espejo
Si desde la calidez de tu hogar le enseñas a tu pequeño que la vida puede presentar tropiezos, y que estos no necesariamente significan fracasos, darás un paso muy importante. Aprenderá a desarrollar tolerancia a la frustración, a crecer sin culpas y a sacar una experiencia positiva aun de sus errores.
Cuando en la familia predomina un ambiente negativo, los miedos están a la orden del día; los integrantes difícilmente se valoran a sí mismos y, claro, este es el mensaje que se da a los hijos, porque los propios adultos son incapaces de ponerse de acuerdo para solucionar sus problemas.
Una persona con buena autoestima se valora y se siente satisfecha con sus habilidades y acciones. Más allá de destacar sus fortalezas, conoce sus puntos débiles y procura trabajar en ellos. La autoestima, entonces, le sirve como motor para triunfar en la vida.
Todo por él, desde el principio
Para la doctora Lilia Joya no hay tiempo que perder, desde los primeros meses se puede desarrollar una imagen clara y firme del pequeño. Cuando le hablas con palabras dulces, le haces saber lo importante que es para ustedes su presencia; si lo integran a las actividades en familia y reconocen sus avances, contribuyes a formar en tu hijo la idea de que él vale.
Conforme el niño crece forma su personalidad y, en el período escolar, empieza a probar sus habilidades. “Adquiere una imagen de sí mismo, se da cuenta de las actividades para las que es bueno y para las que no, fortalece aquellas que le gustan y en las que tiene éxito. Si los padres tienen una buena relación con el hijo, él se sentirá seguro para explorar el mundo y formarse como un ser individual”, sostiene la doctora Joya.
Si la autoestima se fomentó durante la infancia, es seguro que en la juventud tu hijo no será influenciable, tendrá valores tan arraigados como el respeto, la honradez y el amor a sí mismo, y difícilmente se dejará influir por otros.
No olvides que para poder transmitir amor, tranquilidad y una buena autoestima a tu pequeño, tú y tu pareja necesitan reforzar la propia, pues es la formula perfecta para criar niños felices. |